Artículo publicado en la revista “Sólo para mujeres” septiembre 2016
A lo largo de la historia hemos desarrollado ideas y creencias que nos hablan de cómo los seres humanos debemos comportarnos para encajar en la sociedad. Éstas han sido tan rígidas que más que normas de convivencia, se han transformado en imposiciones y reglas esclavizantes.
Nadie escapa a esta situación, pero nos vamos a ocupar de: ¿Cuáles han sido las creencias alrededor de la masculinidad? ¿Cuáles posturas se adoptan ante estas realidades? ¿Cuáles son los retos de hombres y mujeres en la nueva era?
Hace tiempo pensamos que los hombres son rudos, fuertes, que llevan la batuta económica en casa, que son los responsables de la protección y la seguridad en el hogar y la familia. También hemos generalizado cuando decimos: “todos los hombres buscan sexo”, “los hombres son incapaces de amar”, “todos los hombres son infieles” o en su defecto “a más macho, más mujeres en su itinerario”. Estas afirmaciones han generado actitudes negativas respecto a los hombres, pues refuerza en las mujeres la desconfianza y en muchos casos, las lleva a creer que empezar una relación es el camino directo a ser víctima de infidelidad, y por tanto de sufrimiento.
Las mujeres reaccionan ante estas ideas y los hombres se revisten de fortaleza desde el principio de sus vidas para afrontarlas, eliminando cualquier tipo de fragilidad. Afirmaciones como: “Los hombres no lloran”, “la ternura es para las niñas”, “el hombre es el que manda y el que tiene el poder”, “el hombre es el que maneja el dinero y las mujeres cuidan de los hijos”, son frases fomentadas por madres de familia que han sufrido la rudeza de hombres blindados al dolor y ante la mirada insensible de una sociedad patriarcal que las sigue inculcando generación tras generación.
Algunas creencias deben ser transformadas para encontrar un nuevo camino; debemos ampliar la mirada respecto a los reales sentimientos de los seres humanos, y en este caso de los hombres. Yo pregunto a las mujeres, ¿cuántas veces nos hemos detenido a observar hombres sensibles, cuidadosos y sinceros? ¿Cuántas veces hemos manifestado que existen hombres fieles, leales a la pareja y a la familia?
Señalar es fácil, sin embargo, adentrarnos en el estudio profundo de la masculinidad es muy complicado y nos conformamos con la información que llega de afuera sin permitirnos explorar, ampliar nuestra mente y ver en la pareja su real esencia.
Por todo esto, es importante volcar la mirada al amor, entender que es una energía sensible, tranquila, humana y cómo energía tiene el don superior de tocar los corazones. El amor verdadero nos permite estremecernos y suspirar. El afecto, la ternura, mueven fibras que no alcanzamos a imaginar y los hombres no son la excepción, ellos también se enamoran, expresan sus sensaciones sonriendo y suspirando por su ser amado. Sienten miedo a entregarse y ser heridos, temen perder a la hora de manifestar sus sentimientos, les aterra la idea de ser dejados por su pareja.
Muchos hombres buscan afecto como buscan sexo, muchos hombres controlan su testosterona y no se dejan guiar por sus instintos, son auténticos y entienden que la fidelidad también es una cuestión de decisión, no de hormonas o de sentirse más macho. Debemos aceptar que también existen los hombres leales, sinceros y honestos, dispuestos a entregarse amando en libertad.
Lo que diferencia a las mujeres de los hombres radica en cómo se manifiestan los afectos y en la manera de ver el mundo. Por esto, el reto para los hombres es abrirse a la nueva forma de pensar de una sociedad con mayor apertura mental y psicológica, donde llorar no es un acto exclusivo de mujeres, sino la posibilidad de reconocerse hombres sensibles.
La propuesta para las mujeres es dejarnos sorprender por la nueva masculinidad. Creer que “todos los hombres son iguales”, es una idea que debemos rechazar. Cambiando nuestra creencia respecto a los hombres, ampliando nuestra visión, podremos descubrir mayores posibilidades; esto incluye, ver hombres maravillosos con grandes cualidades, capaces de decir te amo, de buscar afecto y no solamente sexo.
El reto de hoy es educar hombres con mayores habilidades para soñar y crear; hombres que puedan maravillarse con pequeñas cosas, hombres espontáneos no blindados al dolor. El reto para las mujeres de la era moderna es ser sutiles, femeninas y dulces. Si nos ponemos en la misma posición masculina, dura y fuerte, no seremos ejemplo. La educación toca los corazones y transforma vidas cuando lo mostramos con nuestras propias conductas.
El compromiso para las mujeres es ser felices por sí mismas y no pensar que estos sentimientos dependen de un hombre. Es aprender a valorarnos, a sentirnos merecedoras, bellas artífices de nuestra propia realidad. Toda esta travesía nos lleva a dejar de buscar lo que está adentro de nosotras, a encontrar en nuestro ser mucha dicha que puede ser compartida con los seres que están a nuestro lado. El éxito no está en que nos amen como nosotras queremos que nos amen sino en abrir el corazón, entregarse a la vida, despejar la mente y dejar fluir el encuentro sagrado de dos seres, un hombre, una mujer, todo un universo, toda una eternidad de amor.