Este artículo fue publicado en la Revista Solo para Mujeres. Periódico el Nuevo Día. Noviembre 2016, edición 13.

Energía, esa palabra tan inconmensurable, rodeada de diversas comprensiones y sensaciones. Nada mejor que sentirse bien, vital, alegre, saludable y a veces, hasta un poco, inmortal. Cuando se está bien, parece que la vida es infinita. Alrededor de la energía abrimos la puerta a diversos campos de la experimentación: nos abrimos a nuevas sensaciones, a tratamientos de salud y la belleza, probamos alimentos “mágicos”, emociones, experiencias, prácticas físicas que nos permitan sentirnos cada vez más jóvenes, vitales y llenos de sentido de la existencia. Quienes han estado enfermos saben que, salud y vitalidad son temas que no se pueden negociar y que, hasta con los años va tomando mayor importancia y se valora más profundamente.

Nuestra cultura, en un impulso de consumo permanente nos invita a mantenernos jóvenes pero bien sabemos que la vida tiene sus ritmos, ciclos y hasta sus temporadas. Por eso, la lucha entre ese impulso cultural vs lo vital puede poner en pequeñas crisis nuestra existencia. Por ello, pensar a tiempo en lo que nos hace sentir vitales puede resultar desde restaurador hasta responsable con nosotros mismos. 

Una reflexión interesante que podemos tomar del yoga moderno sobre eso de pensarnos responsablemente, es que para que la vitalidad sea posible, debemos observar integralmente en lo que somos –cuerpo, mente, espíritu-. Para el yoga, la práctica de ejercicios físicos (Asanas), meditación (Dhyana), alimentación sana, respiración reconfortante y consciente (Pranayama), una vida llena de valores (la práctica de la verdad, por ejemplo, con nosotros mismos y con los demás llamada Yama), devoción a dios o entrega con confianza a la vida (Niyama), permiten hacer mayor conciencia de la manera en que vivimos. 

Bueno, seguramente algunos pensarán que la vida yóguica no es para todos. Con el tiempo he llegado a descubrir que cada uno, a nuestra medida, practicamos estos principios en mayor o menor escala, a veces les damos otros nombres, pero seguramente, en la medida de nuestra propia experiencia estamos más o menos comprometidos con ellos. 

Lo que sí es cierto es que el yoga, en búsqueda de esta integralidad se ha convertido en la práctica que más rápidamente controla el estrés haciendo uso y reencauzando la energía vital que nos puede llegar a enfermar en su falta o por su exceso. Seguramente, tiene mucho que enseñarnos sobre esto de la relación energía – cuerpo. Y seguramente, eso como la mayoría de las cosas en la vida, sólo se da en la experiencia.

En fin, si le preguntáramos a un practicante de cuestiones alternativas nos diría que la energía proviene de todo lo creado, si le preguntamos a un médico tradicional nos diría que la energía viene de la salud y vitalidad, un psicólogo nos propondría la relación sensación de bienestar con la suficiencia personal. A manera personal, prefiero pensar que la energía es el resultado de lo que somos con conciencia cada día. Y en ese orden de cosas, energía sería también comprender como fluye y como estamos viviendo en diferentes direcciones nuestra vida y estar atentos a eso. 

Uno de los grandes maestros del yoga moderno, B.K.S Iyengar, propone pensar y sentir la vida como un flujo armonioso donde aún las partes más discordes tienen su función. En clave de esto, a veces, comprender que ciertas cosas de este mundo caótico tienen sentido puede ser difícil pero, seguramente, si dejamos de pensarnos en el sentido de la simetría, de la perfección de los cuerpos, de las tensiones y expectativas por cómo debemos ser o cómo debe ser el “universo”, nos podríamos ver cómo quienes somos ahora con una aceptación armoniosa. Es decir, abriendo los ojos con alegría a lo que somos a pesar de nuestras imperfecciones.

Y claro, si nos alimentamos mejor, si nos ejercitamos armoniosamente y respetuosamente, si tenemos prácticas saludables nuestra calidad de vida puede ser mejor, pero tampoco es mayor garantía de sentirnos del todo bien. Si no tenemos un profundo sentido de quienes somos, de esa energía vital que fluye dentro nuestro y ese milagro de estar vivos – más allá de las frases clichés de autoayuda-, no existirá una condición lo suficientemente favorable para que terminemos de estar bien y felices. 

Si la energía proviene de tantas fuentes, es un buen momento para que nos auto revisemos y veamos cuales son las que mejor vienen a nosotros y nos las apliquemos como una buena pomada, medicina o plan de vida para sobrevivir. La energía es un sentido de la existencia, una fuerza creadora que recorre todo lo que somos, que da fuerza a nuestro cuerpo, a nuestro intelecto y da vida a nuestras emociones. Creo que es tiempo de enfrentarnos con valentía a este universo inexplorado que somos y descubrir lo que realmente nos gusta y lo que somos más allá de este exigente cuerpo.